Por Alfredo Ygel
PARA LA GACETA- TUCUMÁN

En 1942, siete años después de la muerte del gran poeta portugués Fernando Pessoa, se decidió publicar su obra completa y se abrió el arca en la cual el había custodiado sus manuscritos. Lo que se encontró fue la enorme producción de una de las personalidades literarias más grandes del siglo XX. ¿Qué escritos escondía en su pobre departamento lisboeta este oscuro oficinista, meticuloso traductor de papeles de compañías comerciales? Lo que allí se descubrió, según la acertada metáfora del estudioso de su obra Antonio Tabucchi, es “un baúl lleno de gente”. ¿Quiénes eran estos misteriosos habitantes del arca? Sus creaciones más preciadas, sus heterónimos. Allí estaban quienes en ficciones literarias, aunque diversos, componían en clave sinfónica el yo del artista. A los ojos del mundo aparecieron las obras poéticas de Alberto Caeiro, Alvaro de Campos, Ricardo Reis y el ortónimo Fernando Pessoa, junto al prosista Bernardo Soares, su semiheterónimo, quienes habían permanecidos en el valioso baúl, junto a casi 70 voces

Con la heteronimia Pessoa ofrece su producción como la de múltiples poetas. Son los nombres con los firmó muchos textos, pero no como seudónimos, sino que cada uno es otro, una persona fingida, con existencia propia. Los heterónimos constituyen una comunidad de sujetos poéticos que solo existen por y para la poesía, pero que tienen existencia por fuera de la obra. Cada uno tiene vida, características textuales, un estilo propio y una biografía. Es una ficción sin límites constituida por múltiples yoes.

En estos heterónimos, tenemos a todos los hombres que un hombre quiere ser. Se trata del yo que cada uno de nosotros porta. Esos fragmentos, pedazos, partes, que nuestro yo fatigosamente trata de de integrar en uno solo. Se trata de una polifonía de voces que pertenecen a un solo hombre, un troquelado en el que cada troquel, tiene su vida singular. Materialización literaria de eso conflictivo que vivimos en nuestro yo.

Uno y varios

¿No nos pasa en nuestra vida cotidiana que afloran en nuestro yo reacciones y facetas que nos son desconocidas? ¿No nos sentimos extraños cuando en distintos momentos de la existencia aparecen modos de ser o de actuar que son extrañas a nuestro ser? Esto es lo engañoso del yo, presentar en una unidad lo múltiple de cada uno, una armonía de lo discordante que anida en nosotros. Máscara que portamos que nos refleja en el espejo del otro como unidad indisoluble. Pero, ¿cuántas vidas hay en una vida? O ¿cuántos otros hay en un yo? ¿Somos un solo yo a lo largo de nuestra existencia, o somos múltiples en el tiempo que nos toca recorrer la aventura de la vida?

¿Qué nos enseña Pessoa en su inquietante creación acerca de la estructura del psiquismo? En el poema que titula nada menos que “Autopsicobiografía” nos dice: El poeta es un fingidor/ finge tan completamente/ que llega a fingir que es dolor/ el dolor que de verdad siente.

En una carta a Adolfo Casais Monteiro el poeta explica las razones de su producción. Dice que su “histeria asume principalmente aspectos mentales, así, todo acaba en silencio y poesía”. Es decir que crea esos mundos ficcionales que reemplazan a la vida real. Y agrega: “Puedo imaginarlo todo porque no soy nadie”. Es en su propia letra donde leemos un defecto narcisista, “no soy nadie”, y su extraordinario talento de crear ficciones como “nadie”. Continúa “Desde niño he tenido la tendencia de crear a mi alrededor un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca han existido”. Y más adelante: “Desde que me conozco como aquel que defino ‘yo’, recuerdo haber dibujado mentalmente en aspecto, movimientos, carácter e historia, varias figuras irreales”. Es decir que al constituir su yo aparece necesariamente que hay otros. Figuras irreales que vienen a hacer realidad su yo, acompañantes que vienen a cubrir a ese nadie que lo remite a una soledad mortífera. Pessoa sitúa como el primer heterónimo a Chevalier de Pas, creado a los seis años. Dice: “yo me escribía cartas suyas a mí mismo”. Continúa relatando que esta tendencia a crear otro mundo no abandono su imaginación durante 30 años.

¿Cuál ha sido la operación psíquica necesaria para que este personaje solitario haya podido acompañar su nada? Este solitario oficinista lisboeta, rutinario y formal, cuyo padre muere cuando el tenía 5 años, y al año siguiente, a sus 6 años fallece su hermano y semejante, realiza su primer creación fantástica haciendo aparecer a Chevalier de Pas, armándose así una compañía que le escribiera y acompañara en su soledad nadificada. Esta creación ya constituye un intento de zurcir, de remedar, esa carencia abismal en el que el niño permaneció tras la muerte de su padre y su hermano. En sus producciones ficcionales, en esa fragmentación en cada uno de sus personajes, en esta materialización de su escisión, Pessoa paradójicamente hace un armado de su yo. Este nadie, así, puede escribirlo todo. Lo que va a producir es anudar en una estructura múltiple, a través de un imaginario libre y pletórico, eso que si no hubiera permanecido en la nada y en la fragmentación de su psiquismo en una probable escena desbordada. Los heterónimos pessoanos cubren, y develan, un vacío estructural, un real imposible de nombrar; donde Pessoa se desvanece como una sombra en el registro del narcisismo.
 
Espejos

¿Qué nos enseña entonces la operación pessoana? Viene a mostrarnos que toda pessoa/persona/per-sonare es, efectivamente, nada más que una máscara, que nos constituimos a partir de los múltiples espejos en que nos reflejamos. Desmitifica esa ilusión de los seres humanos de la indisoluble unidad. Somos uno y al mismo tiempo múltiples. No logramos disimular lo contradictorio que se manifiesta en nuestro yo. A veces el amor se enseñorea en nuestras vidas y nuestro lazo con el semejante se manifiesta apacible y generoso, mientras otras es el odio más feroz el que anida en nuestro espíritu y somos capaces de las peores crueldades. Estas vivencias son a veces puestas en acto en nuestra vida cotidiana y otras se manifiestan en las más ocultas fantasías o en nuestros sueños. Pessoa, con sus heterónimos, con ese enjambre de yoes anudados oculta y al mismo tiempo revela la condición del sujeto, el modo que cada uno de nosotros intenta con su yo amordazar eso discordante, múltiple, conflictivo, diverso, que sin embargo se revela en nuestro cotidiano vivir.

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Alfredo Ygel - Psicoanalista.
Profesor de la Facultad de Psicología de la UNT.